
Escultura zoomorfa de bixi en jade Hetian tallado
Esta imponente y monumental escultura zoomorfa representa a un bixi o pixiu, la mítica criatura celestial de la tradición sincrética china dotada de cabeza de dragón, cuerpo de león alado y una naturaleza incorruptible asociada históricamente a la atracción de la buena fortuna, la protección contra las influencias maléficas y la acumulación incesante de riqueza, cuya venerable antigüedad se enmarca con absoluta precisión a mediados del siglo XVIII (c. 1750), coincidiendo plenamente con el reinado del emperador Qianlong y la célebre "Edad de Oro" del esplendor glíptico de la dinastía Qing; materializada en un bloque excepcional de auténtico jade de Hetian —considerado unánimemente por los eruditos, emperadores y coleccionistas como el más puro, codiciado y apreciado de todos los jades existentes debido a su inigualable densidad grasa, su calidez táctil y sus sutiles matices minerales naturales que revelan una autenticidad inalterable al paso de los siglos—, esta obra maestra deslumbra por una calidad de talla absolutamente indiscutible y un virtuosismo anatómico fuera de lo común donde cada músculo, cada escama y el majestuoso plumaje de sus alas se esculpen con una tensión expresiva deslumbrante, resultando verdaderamente colosal e insólito encontrar una pieza de esta naturaleza que alcance un peso imponente de 6 kilogramos y unas dimensiones monumentales de 31 x 22 centímetros, una magnitud titánica en el ámbito del arte antiguo que desafía las leyes del tallado tradicional en materiales de máxima dureza debido a la escasez extrema de cantos rodados de semejante volumen; esta cumbre artística salió inequívocamente de las manos expertas, pacientes y soberanas de los maestros lapidarios integrados en los Talleres Imperiales de la Ciudad Prohibida (Zaobanchu) o bien en los legendarios obradores de alta especialización de Suzhou y Yangzhou —los centros de producción glíptica más prestigiosos y selectos del imperio—, donde las estirpes de artesanos más sobresalientes de la época trabajaban bajo estricto mecenazgo cortesano transmitiendo los secretos más rigurosos del corte, el rebaje y el pulido sobre piedra dura, culminando en una joya escultórica que se alza sobre una soberbia peana de madera noble tallada a medida para abrazar con precisión milimétrica sus sinuosas y pesadas formas y destinada desde su origen a presidir los gabinetes y salones más exclusivos de la alta aristocracia.
CIUDAD PROHIBIDA, Talleres Imperiales de la
Los legendarios talleres imperiales de la Ciudad Prohibida, conocidos formalmente bajo la denominación de Zaobanchu y fundados oficialmente a finales del siglo XVII bajo los auspicios de la dinastía Qing, concretamente durante el reinado del emperador Kangxi alrededor de 1680 y consolidados de manera absoluta por sus sucesores Yongzheng y el gran emperador Qianlong, constituyeron el epicentro creativo y técnico más sofisticado de la historia del arte glíptico y suntuario de China, un entramado de obradores palaciegos donde convergieron las estirpes de artesanos y lapidarios más selectas del imperio, herederas de tradiciones milenarias transmitidas celosamente de generación en generación desde las gloriosas épocas precedentes pero sublimadas bajo un rigor estricto y un mecenazgo cortesano sin precedentes; estos talleres imperiales no se circunscribían únicamente a los recintos amurallados de la Ciudad Prohibida en Pekín, sino que mantenían una red simbiótica y constante con los legendarios obradores regionales situados en el sur del imperio, específicamente en las prósperas ciudades de Suzhou y Yangzhou en la región de Jiangnan, donde las dinastías de artesanos locales, poseedoras del dominio supremo sobre el corte y desbaste de piedras duras colosales, trabajaban bajo la directa supervisión imperial para abastecer las demandas de la corte; el periodo de máximo esplendor, apogeo y cumbre artística de estos talleres se enmarca indiscutiblemente durante el siglo XVIII, coincidiendo plenamente con el largo y brillante reinado del emperador Qianlong, época dorada en la que la expansión territorial hacia las regiones de Jotán en Xinjiang garantizó el suministro constante de los más codiciados bloques de jade nefrita pura y en la que los maestros de los obradores imperiales alcanzaron la perfección técnica absoluta en la talla de monumentales piezas y esculturas de gabinete; en la actualidad, la inmensa mayoría de las obras maestras irrepetibles que salieron de las manos de estos insignes artesanos de la Ciudad Prohibida y de los talleres de Suzhou y Yangzhou se conservan y exhiben como tesoros nacionales de valor incalculable en las colecciones permanentes de las instituciones museísticas más prestigiosas del mundo, destacando de manera sobresaliente el Museo del Palacio (The Palace Museum) en el interior de la propia Ciudad Prohibida en Pekín y el Museo Nacional del Palacio (National Palace Museum) en Taipéi —institución que custodia una parte primordial del legado suntuario evacuado de la corte imperial—, además de figurar de forma prominente en los fondos asiáticos de instituciones internacionales de la talla del Victoria and Albert Museum y el British Museum en Londres, el Musée Guimet en París, y el Metropolitan Museum of Art en Nueva York, perpetuando así la memoria imperecedera de un refinamiento técnico y estético que continúa fascinando a los más exigentes eruditos y coleccionistas globales.






