
Camino de la aldea
Este óleo original sobre madera (43 × 37 cm) de Josep Amela Ferrando (Barcelona, 1920 – 2005) constituye un testimonio de acusada madurez plástica dentro de la pintura figurativa catalana de la segunda mitad del siglo XX, representando una escena costumbrista rural de impronta mediterránea donde una joven figura femenina montada sobre un asno y acompañada por un aldeano ataviado con sombrero de paja protagonizan una composición de armoniosa cadencia lírica. La obra revela una filiación estética directa con el postimpresionismo y el luminismo catalán de entresiglos —heredero de la tradición de maestros como Joaquín Sorolla, Eliseu Meifrèn o Francesc Gimeno—, distinguiéndose por una técnica de pincelada jugosa, empastada y de soltura gestual que descompone la luz solar en matices cromáticos cálidos de ocres, dorados y tierras. Pese a desarrollarse como un creador de formación esencialmente autodidacta —compaginando su labor artística con sus responsabilidades profesionales y tras haber vivido la dramática experiencia histórica de la Lleva del Biberó durante la Guerra Civil Española—, Amela alcanzó un lenguaje de notable rigor formal y sensibilidad poética que le valió el reconocimiento de intelectuales y coleccionistas de su época. La producción de Josep Amela —padre del reconocido periodista y escritor Víctor-M. Amela— se conserva principalmente en selectas colecciones privadas de Cataluña y el ámbito mediterráneo dedicadas a la preservación del paisajismo y el costumbrismo catalán de posguerra, así como en fondos documentales y del patrimonio familiar vinculados a la memoria histórica de la contienda civil y la cultura catalana contemporánea.
AMELA, Josep
Josep Amela Ferrando (Barcelona, 1920 – Barcelona, 2005) fue un artista de vocación autodidacta, hondo perfil humanista y destacada solvencia plástica, cuya trayectoria vital y creadora sintetiza el devenir de la pintura figurativa catalana del siglo XX. Miembro combativo de la histórica Lleva del Biberó (la quinta de 1920 movilizada durante la Guerra Civil Española), su vivencia en el frente fraguó en él una sensibilidad humanista y una memoria generacional de enorme calado que alimentaría ulteriormente la obra literaria y el testimonio histórico de su hijo, el célebre periodista, crítico y novelista Víctor-M. Amela, cofundador de la emblemática sección La Contra del diario La Vanguardia. Compaginando su actividad laboral con un constante e intransigente cultivo de las bellas artes, Josep Amela consolidó un lenguaje pictórico de acusada filiación postimpresionista y plenamente integrado en la rica tradición del luminismo y el costumbrismo mediterráneo catalán. Su producción, volcada con singular maestría en el paisaje rural, las escenas de usos y costumbres campesinas y la figura al aire libre, sobresale por una pincelada jugosa, empastada y de gran soltura gestual, caracterizada por un exquisito dominio del claroscuro, una vibrante modulación cromática de tonos cálidos y una poesía lírica que dignifica la vida cotidiana de la tierra. Distanciado de los circuitos comerciales masivos por una voluntad intimista y rigurosa, su legado artístico —sancionado por una cuidada ejecución técnica y una genuina autenticidad expresiva— figura en señaladas colecciones particulares y ámbitos académicos como un testimonio imprescindible del costumbrismo catalán de posguerra y de la dignidad plástica de una generación irrepetible.






