
Pareja de "putti" sedentes
Esta pareja de querubines o putti sedentes de bronce macizo, de aproximadamente 20 cm de altura, constituye un refinado ejemplo de la escultura decorativa francesa de finales del siglo XIX y principios del siglo XX (c. 1880–1920), época marcada por la revalorización de los estilos históricos durante la Belle Époque. La obra representa a dos niños alados en actitud contemplativa y serena, dispuestos en simetría especular sobre peñascos de corte naturalista y sosteniendo delicadas guirnaldas o ramilletes florales en sus regazos. Estilísticamente, las piezas se inscriben en una estética Neobarroca y Neorrococó de marcada filiación académica, caracterizada por la búsqueda de la gracia, la ligereza compositiva y el estudio anatómico infantil de formas suaves y redondeadas. Estas figuras hunden sus raíces conceptuales e iconográficas en la gran tradición escultórica del siglo XVIII francés, tomando como principal fuente de inspiración los modelos clasicistas y galantes de maestros como Étienne-Maurice Falconet, Louis-Félix Delrue y, muy especialmente, Claude Michel, conocido como Clodion, cuya maestría en la representación de querubines y alegorías de las estaciones o la primavera sentó un canon estético perdurable en las artes decorativas europeas. Aunque las piezas no presentan una firma visible que permita atribuirlas a un escultor concreto, su cuidadoso proceso de producción —mediante fundición a la cera perdida o en molde de arena con fino cincelado posterior en frío para definir los rizos de las cabelleras, el plumaje de las alas y los pliegues de los paños— sugiere su autoría en el entorno de los prósperos talleres y fundiciones artísticas parisinas de la época, como Barbedienne, Susse Frères o Colin, especializados en la edición de bronces de gabinete y elementos ornamentales de alta calidad para garnituras de reloj o consolas de salón de la alta burguesía. La rica pátina oscura de tono marrón cobrizo, junto con los matices y desgastes dorados que emergen de forma natural en los relieves por el paso del tiempo, añade a la pareja una apreciable calidez visual y una incuestionable dimensión histórica y patrimonial.






