
Paisaje etéreo (Composición lírica)
En esta monumental y deslumbrante composición de gran formato cerca del metro de envergadura, Robert Anglada revela una de las facetas más refinadas, atípicas y codiciadas de todo su corpus artístico, alejándose momentáneamente de su célebre expresionismo visceral para adentrarse en una poética contemplativa de extraordinaria sutileza. La obra se erige como un ejercicio de virtuosismo técnico excepcional donde el artista catalán rinde un homenaje explícito a la delicadeza estética de las sedas japonesas tradicionales y a la pintura oriental Nihonga, articulando el espacio pictórico a través de una vaporosa atmósfera cargada de misterio y serenidad. Mediante una maestría sublime en el uso de veladuras infinitas, lavados en tonos sepias, ocres y pigmentos cálidos, Anglada recrea una bruma envolvente donde la materia parece evaporarse, dejando que el tronco sutilmente modelado y la caligrafía nerviosa de sus finas ramas y brotes rojizos emerjan con la precisión poética de un grabado Ukiyo-e. El dominio del concepto oriental del vacío espacio-temporal (Ma) y la delicadeza cromática con la que la luz tamizada filtra el paisaje convierten a este lienzo en una pieza rarsima y de singularísimo valor de mercado dentro de la trayectoria del autor; una obra de colección madura que demuestra la versatilidad de un creador total, cuyo lirismo atemporal y presencia escénica monumental justifican de forma incontestable su elevadísima cotización y su estatus de pieza de culto para el coleccionismo institucional de alta gama.
ANGLADA, Robert
Nacido en Barcelona en 1944 y fallecido en la misma ciudad en 2013, Robert Anglada encarna una de las personalidades más fascinantes, transgresoras y radicalmente auténticas de la pintura figurativa española de la segunda mitad del siglo XX, considerado por la crítica especializada como uno de los nombres indispensables de la vanguardia de los años sesenta. Su precoz genialidad quedó acreditada en 1962 tras ser galardonado con el prestigioso "Premio Jóvenes Artistas" de Barcelona, reconocimiento que le valió una beca concedida por el Gobierno de Francia para perfeccionar su técnica en el efervescente París de las segundas vanguardias. Ese mismo año, su irrupción en la escena pública estuvo marcada por el escándalo cuando la obra galardonada en el Cercle Mayol de l'Institut Français de Barcelona fue censurada y retirada del Museo de Arte Moderno de Barcelona por su audacia erótica y transgresión formal, episodio que cimentó su estatus de creador de culto e indomable independencia. La obra de Anglada explora con feroz pulso plástico las profundidades de la psique humana a través de una deconstrucción visceral de la realidad figurativa donde el erotismo, la crueldad y la pulsión dramática se despliegan mediante un lenguaje de pincelada enérgica, densa matérica y marcado expresionismo que la crítica internacional ha comparado sistemáticamente con el universo atormentado de Francis Bacon. A lo largo de su prolífica trayectoria, desarrolló una fulgurante proyección expositiva en plazas de primer orden como París, Londres, Barcelona y múltiples capitales alemanas, llegando a cotas insólitas de proyección internacional al exponer en escenarios tan alejados como Kandahar (Afganistán). Esta síntesis de heterodoxia estética, magisterio técnico y presencia internacional consolida su legado como una pieza de incuestionable valor histórico y un activo de alta cotización para colecciones privadas e institucionales atentas al arte figurativo de intensidad expresionista.






