
Atmósfera urbana en Passy
Este grabado calcográfico al aguafuerte realizado en 1983 por el maestro José Luis Florit Rodero (1909-2000), firmado a lápiz por el autor y numerado como la estampa 93 de una tirada limitada de 100 ejemplares, constituye una refinada veduta urbana que capta la atmósfera del emblemático enclave parisino de Passy, en el distrito XVI, destacando al fondo la silueta estructural del viaducto metálico del metro aéreo sobre el río Sena y la estación de Passy. La composición, de una extraordinaria agilidad taquigráfica y rigor sintético, evidencia la plena madurez gráfica del artista en su última etapa parisina, donde combina la herencia académica del dibujo anatómico y estructural asimilada durante su juventud con el maestro Juan Núñez Fernández y su posterior especialización en grabado bajo la tutela de Ricardo Esteve Botey en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Plásticamente, la estampa destaca por un trazo incisivo, vibrante y de acentuado carácter lírico que evoca la poética de la Escuela de París y el grafismo de maestros como Raoul Dufy o Albert Marquet, articulando mediante entramados de líneas cruzadas y yuxtaposiciones de densidad tonal la verticalidad de las fachadas haussmannianas, los quioscos urbanos, la vegetación y el tránsito fluido de transeúntes esbozados con gran dinamismo. La trayectoria de Florit, ampliamente consagrada desde los años treinta tras obtener la Tercera Medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1933 y exponer individualmente en el Museo de Arte Moderno de Madrid en 1935, cuenta con una sólida representación institucional, hallándose obras suyas custodiadas en los fondos de prestigiosos museos e instituciones como el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, la Biblioteca Nacional de España, el Museu Nacional d'Art de Catalunya (MNAC) y el Museu de la Garrotxa en Olot, entre otras relevantes colecciones públicas y privadas europeas.
FLORIT, José Luís
El polifacético artista madrileño José Luis Florit Rodero (1909-2000) representa una de las trayectorias más sólidas, versátiles y técnicamente depuradas de la figuración española del siglo XX, cuya labor abarcó la pintura de caballete, el dibujo, el grabado, la ilustración editorial y la pintura mural. Nacido en Madrid en el seno de una familia de arraigada sensibilidad cultural, sus primeros años de formación transcurrieron en Cataluña, concretamente en Olot y Figueras, donde estuvo bajo la orientación decisiva del maestro Juan Núñez Fernández —profesor que también marcaría a Salvador Dalí—, del cual heredó un absoluto rigor en el dibujo anatómico y la disciplina lineal. Su posterior ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid afianzó su maestría académica, la cual complementó con una formación especializada en las técnicas del grabado al aguafuerte bajo la tutelaje del eminente grabador Ricardo Esteve Botey. A lo largo de su juventud, Florit absorbió tanto el lenguaje del noucentisme como las renovadoras corrientes de la figuración de entreguerras y el espíritu de la Sociedad de Artistas Ibéricos, participando activamente en el panorama cultural de la Segunda República y obteniendo una Tercera Medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1933, consagración que le llevó a realizar su primera gran exposición individual en el Museo de Arte Moderno de Madrid en 1935. Tras la contienda civil, se afincó en Barcelona, ejerciendo como director artístico del Diario de Barcelona y desplegando una intensa labor como ilustrador y diseñador gráfico. Entre 1952 y 1960 volcó su talento en una destacada etapa de pintura mural de carácter público y religioso, para experimentar posteriormente una evolución matérica y conceptual hacia el lirismo paisajístico y la abstracción sintética, caracterizada por trazos enérgicos, formas abocetadas y un sobrio dominio del color que le valieron reconocimientos como la Medalla de Bronce en la Bienal de Zaragoza de 1967 o el Premio de la Fundación Estrada Saladich en 1969. Establecido en París en sus últimas décadas hasta su fallecimiento en el año 2000, la producción de Florit ha quedado salvaguardada en importantes instituciones museísticas y colecciones públicas españolas e internacionales —entre las que destacan el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, la Biblioteca Nacional de España y fondos institucionales de la Ciudad Condal—, posicionando su legado como un testimonio imprescindible de la síntesis entre la tradición clásica del dibujo y la modernidad figurativa europea.






